Cómo detectar a un asesino que finge remordimiento.

VIDEO: ¿Cómo piensa un asesino y cuáles son las señales de un arrepentimiento falso?

Asesino

Durante años, se ha tratado de investigar cómo piensan las mentes criminales al cometer un acto violento. Y causa más intriga conocer si, luego del hecho, pueden sentir o presentar un sentimiento de culpa o un arrepentimiento real. Las investigaciones sugieren que la mente criminal presenta un comportamiento de pobre autocontrol, ya sea por tratarse de un hecho premeditado o un episodio de descontrol. Incluso, se ha descubierto que diversas zonas del cerebro, tales como el lóbulo frontal, el córtex prefrontal, la zona ventromedial y orbitofrontal, así como la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo, están relacionadas con la conducta violenta. Estos sujetos presentan cambios bioquímicos que generan menor activación neuronal en diversas zonas, como el reconocimiento de emociones y empatía relacionados con la amígdala y el lóbulo frontal.

Por lo tanto, la afectación en estas zonas provoca un comportamiento que generalmente el individuo no puede controlar y, en muchas ocasiones, no está consciente de la situación o las consecuencias que puede generar su comportamiento. Además, luego del hecho, muchos individuos presentan poco o nulo remordimiento al hablar del acto.

Con el paso del tiempo, el individuo que comete un acto violento, ya sea que se determine como un asesinato u homicidio y es condenado por dicho hecho, debe generar dudas sobre su capacidad para afrontar los hechos y convertirse en un ente social, más allá de lo que dicta la ley. La ley por sí misma no evalúa a ciencia cierta el comportamiento criminal, sino que determina cuándo un individuo comete un hecho, cuándo es condenado y cuándo debe ser liberado. Una persona que está afectada o que siente culpabilidad por un hecho criminal trata de desligarse de dicho acto, porque el sentimiento de culpabilidad y vergüenza está asociado a las zonas del cerebro del lóbulo frontal y el córtex prefrontal, que son regiones donde se procesan y construyen funciones jerárquicas y superiores, y que permiten la comprensión de la llamada cognición social. Esta función del cerebro permite la interacción del sujeto con los ambientes de la sociedad, incluyendo aspectos como la percepción social, empatía y la relación de la persona en atribuir pensamientos, sentimientos, creencias e intenciones de los demás, que es la teoría de la mente.

Por tales razones, la conducta criminal rehabilitada debe ser cuestionada desde un punto de vista íntegro y no solo basándose en patrones de «buen comportamiento». Si conocemos que las áreas para comprender y empatizar con las emociones de los demás están afectadas, entonces la realidad social que percibe el individuo que ha cometido el hecho puede estar distorsionada. Y el hecho en sí mismo de generar atribuciones personales en cuanto al hecho cometido hace más de una década, y tratar de reivindicar su situación, colabora con la distorsión de su cognición social, tomando también como elemento analítico la capacidad de la persona para sentir las emociones de los demás afectados.

La distorsión de la realidad de la mente criminal contribuye al hecho de generar atribuciones personales que no son necesarias. En la mente criminal, la culpa y la vergüenza no poseen una activación neuronal tan válida y significativa en comparación con una persona que no ha cometido un acto criminal. Por tanto, el comportamiento de exhibición social carece de validez cuando lo que se trata de hacer es transmitir un mensaje a través del mismo acto criminal, tratando de dar a entender que la situación en sí misma fue justificada.

Haciendo un paréntesis, cuando me refiero al sentimiento de culpa, el cual se define en el aspecto psicológico, y de acuerdo a la Real Academia de la Lengua (RAE), como un sentimiento de responsabilidad por el daño causado. En tanto, la vergüenza es una emoción que siente un individuo cuando realiza o comete un acto que se considera incorrecto en la sociedad, lo que lleva al arrepentimiento y a esconderse por el miedo al juicio social.

Finalmente, considero que deben primar evaluaciones específicas en los criterios establecidos para evaluar la condición psicológica, biológica y social de un individuo tras cometer un hecho criminal, como lo es el asesinato, ya sea al principio de una condena o cuando se considera su liberación.

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